El final de Stranger Things es importante

 

El final de Stranger Things era importante porque ya dice el Hagakure que el final de las cosas es importante, y Stranger Things, por otra parte, se convirtió en el emblema de una nueva tele que componía nuestro Zeitgeist. Es decir que ver cómo remataban la serie era doblemente importante. Pues bien, ya tenemos la info.
Hay que decir que Stranger Things se lo ha permitido todo en esta última temporada. Ha explotado clichés y se ha metido en todo tipo de géneros de una forma extraña. Stranger Things es una especie de super-pastiche, pero va más allá del pastiche, y lo hace, no en tanto obra de arte, sino tomándose en serio como contenido. Es algo muy raro que no llega a metamoderno, pero que no es solo posmoderno. Está por evaluarse.
Stranger Things ha explotado sus momentos sentimentales sin importarle que su clímax en torno a la salida del armario de Will diera cringe. Había que darlo, y esos 7 minutos rivalizarán para siempre con aquel episodio de Verano Azul donde Bea tuvo su primera menstruación. Pero ha habido un tema en el que Stranger Things se ha mostrado comedida, que es su relación publicitaria con la Coca Cola. En este punto crucial, Stranger Things ha sido prudente y sutil, ha sido incluso... "sigilosa".
Cuando empezó la 5ª temporada me pregunté cómo abordaría la serie su final en relación a la narrativa orgánica que ha sostenido para publicitar la Coca Cola. De forma similar a como Guardianes de la Galaxia engrana el walkman en su narrativa para hacer publicidad de Sony, Stranger Things no se ha conformado con hacer product placement de la Coke, sino que hace uso de esta práctica para desbordarla.
Coca Cola forma parte del prestigio mágico de los orígenes que está en la base mitológica de Stranger Things, porque todo empieza con una reedición de OK Corral entre una niña y una lata que evidencia un milagro. El que da indicio de que Eleven es la Elegida cuando aplasta la Coca Cola telequinésicamente.
Pero esto solo es el principio de la importancia de la Coca Cola en la serie, que va a llegar a usurpar a la propia Historia de Estados Unidos haciendo memoria histórica de nuestras pautas de conducta asociadas a su consumo. La temporada 2 cuenta cómo, por primera vez, la gente descarta la novedad como valor en sí mismo frente a lo tradicional, cuando el lanzamiento de la New Coke fracasa estrepitosamente. Nuestra historia es la de nuestra forma de consumir y ese día nació la retromanía. Esta es la lección metonímica que esconde Stranger Things, refrendada en la temporada siguiente cuando, a la hora de reiterar el rito del aplastamiento original de la lata, un primer plano nos mostrará un bote de Coca Cola Classic.
La útima temporada ha sido esquiva en el uso del product placement, con un primer aviso en el primer episodio, muy bien traído al caso de este reconcome que arrastra Will con su indefinición sexual. Y luego la lata ya no aparecerá más que de forma marginal en la última escena donde los mayores de la serie toman unas birras en una azotea. Allí una Coca Cola completa el atrezzo junto a la nevera portátil, y ya. Entonces, ¿dónde está la consabida relación orgánica de Coca Cola con el relato para amortizarlo catárticamente?
En realidad, la exposición de la marca en este caso viene dado por la mención parafrástica de su eslogan. Cuando Eleven y su maromo tienen su momento de despedida, y ella le reconoce que él ha sido el único que fue capaz de reconocerla por ella misma, queriéndola tal y como era, según su autenticidad más auténtica, como "the real me". Es aquí donde se tensa el relato para engranar con la pretensión de la Coca Cola por adquirir sustancia de necesidad, frente al déficit ontológico del producto de masas, esa copia repetida hasta agotar todo aura, según Benjamin. Cuando Eleven se define como "the real me", se equipara a Coca Cola como "the real thing", su némesis latosa.
 

 
 
La Coca Cola como "the real thing" no es poca cosa, porque, aparte de impugnar el déficit de valor que acompaña a la copia masiva, fue enarbolada en esa campaña que permitió a la bebida asimilar la legitimidad acumulada por la juventud de la contracultura. Coca Cola reunió a la chavalada multinacional en su campaña Top-Hill, e hizo Historia. 
 
 
La relación nemesíaca entre Eleven y la Coca Cola, las equipara antagónicamente hasta que la catarsis sacrificial, asumida por la chica, permita reconciliar lo que antes estaba separado. Eleven se sacrifica por el mundo, como Tony Stark lo hizo ante Thanos y antes Jesús ante los romanos, y las sustancias de la "cosa real" y la chica que se define como tal, se confunden.
 



 
Entonces la Coca Cola es la que se sacrifica por el mundo para evitar que acabe patas arriba, y Stranger Things cumple con su función de publicitar la marca de una forma tan sigilosa como apoteósicamente ecuménica. Bien mirado, los Duffer se lo han permitido todo sin excepciones.

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