dearrow
Entrar en youtube se ha convertido en un régimen de acoso emocional gracias a sus miniaturas. Caretos con gestos exagerados mirándote directamente, color saturado y flechas y círculos. Un esquema que nos reduce a robots perceptivos, haciendo bypass de cualquier función cognitiva que no sean las que activan la amígdala o las neuronas espejo. Miedo y empatía mutiplicados alternativamente en un doomscroll incesante; no podemos pensar que semejante asedio normalizado no tenga ningún efecto a largo plazo.
En el mejor de los casos, la normalización de este régimen de acoso emocional puede suponer que acabemos adquiriendo tolerancia al mismo. Que señales que espontáneamente tenderían a ponernos alerta o en disposición receptiva, terminen por no causarnos ningún efecto. Probablemente esto ya esté empezando a suceder. Algo muy íntimo y básico de nuestro sistema adaptativo quizás ya se esté rompiendo. Lo que hay más allá de esta rotura definitiva es una incógnita a nivel social y antropológico.
Los youtubers están forzados a convertirse en caricaturas grotescas de sí mismos para competir eficazmente por nuestra atención. Incluso cuando el contenido es interesante y sofisticado, su presentación invita a verlo mediante un recurso que lo degrada al nivel de un anuncio estúpido. El asunto es tan diabólico que youtube proporciona una herramienta de test A/B para probar varias versiones y elegir la que demuestra ser capaz de atraer más visionados durante las primeras visitas. El sistema se va perfeccionando implacablemente en un contexto de producción masiva, vídeo a vídeo. A saber qué espantoso engendro mostrarán las miniaturas de youtube en cinco años. Una especie de mueca perfectamente enquilibrada entre la sonrisa de felicidad y pánico repetida ad infinitum.
Puedes notarlo. Ves una miniatura de youtube y te apela de una forma que no quieres reconocer que provoca una reacción inapropiada, porque desata una emoción que no debería ser el elemento de juicio para decidir dar al play, pero ya lo has clickado. He buscado un remedio a este asedio y he dado con una extensión para mi navegador que elimina las miniaturas de youtube. Al aplicarla, puedes ver de repente cómo ha cambiado la plataforma. Vuelven capturas aleatorias del vídeo. Desaparecen emojis y mayúsculas de los títulos. Viajas al pasado.
El placer es doble. Por un lado desaparece este régimen cotidiano de acoso emocional. Entre tanto, sabes que el youtuber sigue afanándose en miniaturas que te tratan como a un primate, pero tú las has esquivado. Ooh, buen intento.
No sé cuánta carga alostática me habré ahorrado para equilibrar mi sistema límbico tras dos décadas sin ver la tele. Decenas de miles de anuncios y telediarios que llevan aplicando un régimen narrativo propio de la doctrina del shock. Asesinato sin previo aviso y osito panda con música cursi de fondo. Dejé de ver la tele por ese motivo. Cuando toca verla ocasionalmente, puedes notar de golpe su aumento de violencia y de falta de respeto. Ahora toca empezar a poner barreras a youtube. Dearrow cuesta 1$. Vale mucho más. Nuestra eutimia no tiene precio.
Comentarios
Publicar un comentario